Y mirando hacia donde se juntan cielo y mar, veo que se acerca una ola... Sumergirme bajo ella es una sensación inexplicable, única. Mezclar su fuerza con la mía en una bocanada de aire, coger la fuerza con la que romperá esa ola y hacerla tuya, disfrutar bajo ella notando la sal en tu piel y saber que lo que ahora es agua en ti se convierte en ganas y fuerza.
Llevaba años sin poder disfrutar del mar, de la playa, del verano de esta manera... Ya os conté en la entrada anterior que pude disfrutar de dos días maravillosos en la Costa Lucense y tenía que explicaros que es lo que sentí cuando me sumergí bajo el agua... Es cierto que me cuesta describíroslo, fue algo realmente bueno y con lo que me sentí libre, relajada, tranquila... Eran las nueve de la noche y con una temperatura excelente estaba entre las olas, rodeada de agua por todas partes, viendo la arena cerca pero con distancia y mezclándome con el agua de vez en cuando, estaba yo sola en toda la playa, sentí que el mar estaba preparado para mí, que me estaba acompañando en mis primeros baños después de un tiempo sin poder tenerlos... Disfruté de una manera única que de verdad, creo que no podréis entender, sentí algo perfecto, me encantó, disfruté mucho, muchísimo.
Os dejo unas fotos, porque aunque no estuve toda la tarde, me dio tiempo a todo ;).
No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad :)

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